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Asociacion Antiguos Alumnos Colegio Preparatorio Militar Montañana - Zaragoza |
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BREVE BIOGRAFIA

Militar español al servicio de los Reyes Católicos. Nació en Montilla (Córdoba) el 1 de septiembre de 1453. Miembro de la nobleza andaluza (perteneciente a la Casa de Aguilar), siendo niño fue incorporado al servicio del príncipe Alfonso como paje y, a la muerte de éste, pasó al séquito de la princesa Isabel. Fiel a la causa isabelina, inició la carrera militar que le correspondía a un segundón de la nobleza en la Guerra Civil castellana y en la de Granada, donde sobresalió como soldado (sitio de Tájara y conquista de Illora), espía y negociador, se hizo cargo de las últimas negociaciones con el monarca nazarí Boabdil para la rendición de la ciudad. En recompensa por sus destacados servicios, recibió una encomienda de la Orden de Santiago, el señorío de Orjiva y determinadas rentas sobre la producción de seda granadina, lo cual contribuyó a engrandecer su fortuna.
En 1495 fue requerido para una nueva empresa militar de sus soberanos, la intervención en la península Italiana. Desembarcó en Calabria al mando de un reducido ejército para enfrentarse a las tropas francesas que habían ocupado el reino de Nápoles, sobre el que Fernando de Aragón tenía aspiraciones. Maniobrando con gran habilidad y tras varios éxitos entre los que se incluyen la larga marcha a Atella que le permitió llegar oportunamente a combatir y que culminaron con la derrota y expulsión de los franceses, regresó a Españña en 1498, donde sus triunfos le valieron el sobrenombre de Gran Capitán y el título de duque de Santángelo. En 1500 fue enviado a Italia por segunda vez con el encargo de aplicar, por parte española, el Tratado de Chambord-Granada (1500) que implicaba el reparto del reino de Nápoles entre los Reyes Católicos y Luis XII de Francia. Desde el principio se produjeron roces entre españoles y franceses por el reparto de Nápoles, que desembocaron en la reapertura de las hostilidades. La superioridad numérica francesa obligó a Fernández de Córdoba a utilizar su genio como estratega, concentrándose en la defensa de plazas fuertes a la espera de refuerzos.
El Gran Capitán derrotó en Ceriñola al ejército mandado por el duque de Nemours, que murió en el combate (1503), y se apoderó de todo el reino. Mando Luis XII un nuevo ejército, que fue igualmente vencido a orillas del Garellano (1504), y los franceses hubieron de rendir a la plaza fuerte de Gaeta y dejar libre el campo a los españoles. Terminada la guerra, Fernández de Córdoba gobernó como virrey en Nápoles durante cuatro años, con toda la autoridad de un soberano; pero, muerta ya Isabel, se hizo el Rey eco de los envidiosos del general y, temeroso de que se hiciese independiente, le quitó el mando, aunque no está demostrado que le pidiese cuentas. Si es cierto, en cambio, que no cumplió a tan ilustre caudillo los ofrecimientos que le había hecho. Pese a sus deseos de volver a Italia, Gonzalo, entonces, se retiró a Loja, donde murió en 1515.
El Gran Capitán fue un genio militar excepcionalmente dotado que por primera vez manejó combinadamente la Infantería, la Caballería y la Artillería. Supo mover hábilmente a sus tropas y llevar al enemigo al terreno que había elegido como más favorable. Revolucionó la técnica militar mediante la reorganización de la infantería en coronelías (embrión de los futuros tercios). Idolatrado por sus soldados y admirado por todos, tuvo en su popularidad su mayor enemigo.
GRANADA
TUMBA DEL GRAN CAPITAN
El Real Monasterio de San Jerónimo, en la calle Gran Capitán con accesos a su compás también por la del Rector López Argueta, fue fundado por los Reyes Católicos. La iglesia se inició en estilo gótico con planta en cruz latina, coro y capillas.
En 1523 la viuda del Gran Capitán, Doña María de Manrique, lo solicitó como enterramiento del héroe, concediéndolo el Emperador Carlos en 1525 y dirigiendo las obras renacentistas hasta su muerte en 1526 Jacobo Florentino «el Indaco». En 1528 se hace cargo Diego de Siloé.
Arrasado en la invasión francesa, en 1958 lo cedió el Estado a Sor Cristina de la Cruz y de Arteaga que lo restauró, volviendo en 1974 a la Orden Jerónima, del Convento de Santa Paula. La iglesia posee una portada manierista de 1590 obra de Pedro de Orea v Martín-Díaz de Navarrete, con columnas toscanas y relieve de Sao Jerónimo. Encima una ventana con relieves, el escudo de los Reyes Católicos y sus emblemas de Diego de Sibé. En el interior, sobre la parte baja gótica, Jacobo Florentino alzó pilastras estriadas sobre pedestales con capiteles corintios. Diego de Siloé realizó el ábside octogonal cubierto con bóveda en forma de concha y otras cuatro de cañón con cajetones y relieves sobre el crucero, en el centro cuatro hornacinas con imágenes de los Evangelistas sostienen la bóveda de crucería octogonal con relieves.
El retablo renacentista del Altar Mayor fue diseñado en tres cuerpos por el licenciado Lázaro de Velasco, hijo de Francisco Florentín; relieves y escultoras dorados y policromados en estructura con los órdenes clásicos y cuarto cuerpo posterior con Calvario, con intervención de Pablo de Rojas y otros escultores. Laterales las estatuas orantes de fundadores, y dos frescos con la entrega de la espada por Alejandro VI al Gran Capitán y el segundo Duque de Sessa ante Gregorio XII.
Al pie de la escalinata una lápida cubre la cripta con la inscripción: «Gonzalo Fernández de Córdova que por su valor fue llamado el Gran Capitán sus huesos están en este lugar hasta ser restituidos a la luz eterna. Su gloria no fue sepultada». Retablos laterales arquitectónicos con guerreros y escudos.
Al coro se accede desde la galería del claustro, con sillería renacentista realizada por Diego de Siloé en 4544.
El claustro gótico posee nueve arcos semicirculares por lado y antepechos con símbolos y escudos; sus capillas poseen siete portadas de Diego de Siloé, destacando las inmediatas al acceso y a la escalera. Otra en forma de alacena, coya parte inferior es un relieve en mármol italiano, albergó el Santo Entierro de Jacobo Florentino «el Indaco». En el patio el bosque de naranjos que describió Andrea Navagiero en 1526. En la Sacristía el Niño Jesús que el Gran Capitán llevaba en sus batallas; Virgen de Pedro de Mena; Crucificado de Risueño; óleo de la Coronación de la Virgen de Pedro Atanasio Bocanegra; Santo Angel, San Liborio y San Antonio con el Niño de Juan de Sevilla, autor de los seis cuadros del Refectorio.
La escalera es barroca con bóveda. El patio de la Emperatriz Isabel, que fue su residencia en 1526, es renacentista realizado en 1520 En el locutorio, imagen de la Virgen de Belén de José Risueño, cabeza de San Juan Bautista de Torcuato Ruiz del Peral, y óleo de la Virgen con San Joaquín y Santa Ana de Pedro Atanasio Bocanegra. En la Sala Prioral, una ventana renacentista del Castillo de la Calahorra.
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Fundado por los Reyes Católicos , se fundó en 1504, en estilo renacentista con bello claustro gótico decorado con los escudos reales y las armas de fray Hernando de Talavera. Varias de las portadas que dan al claustro fueron labradas por Diego de Siloé . siendo así mismo obra suya el ábside, octogonal cubierto por bóveda en forma de concha. La obra de la iglesia se encargó a Jacobo Florentino, dando como resultado uno de los monumentos más representativos del Renacimiento, con profusión de esculturas. El retablo del Altar Mayor ,del 1570 ,según traza de Juan Bautista Vázquez , fue modificado por Diego Pesquera en 1573, y en 1605 Juan de Orea le Añadió otro cuerpo. A sus lados se hallan estatuas orantes de Gonzalo Fernández de Córdova, llamado el Gran Capitán ,- cuyos restos de conservan en la cripta- y de su esposa doña María Manrique. |
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DICHOS POPULARES
ESTE CHERO QUIERE COBRAR... "LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN"
Este dicho era de frecuente uso en los tiempos de la colonia y aún se utilizó a principios del siglo XX como sinónimo de cobro excesivamente abultado, exagerado, no apegado a la realidad de un gasto realizado.
Pero se acuñó durante el medioevo, cuando el rey Fernando El Católico después de quitarle el mando supremo del ejército al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdova (1453-1515), le exige cuentas claras y detalladas de la campaña militar que éste había realizado en el territorio italiano donde expulsó a las huestes francesas del reino de Nápoles.
El militar inconforme porque el monarca le había quitado dicho cargo y por esa desconfianza, le hizo llegar una larga lista de los gastos realizados y cada rubro por miles o millones de ducados. Esa lista, justificada o no, incluyó pagos a espías, misas y oraciones a Dios para que el triunfo fuera favorable, compra de aguardiente para sus soldados, reconstrucción de campanarios destruidos por los anuncios de victorias -no dijo que él los había destruido-, guantes perfumados para proteger a sus soldados de la pestilencia generada por los cadáveres del enemigo, pagos a frailes, monjas y a la gente pobre para que rezaran por la victoria del rey español. Y claro que incluyó los desembolsos hechos en pólvora y armas, incluso, agregó al final una partida de 100 millones de ducados por tener paciencia para escuchar al rey exigirle ese informe financiero.
Como esa experiencia se divulgó rápidamente el vulgo la adoptó dándole un sentido irónico y desde entonces, cuando alguien ofrecía un informe económico inflado se comenzó a decir... "Las cuentas del Gran Capitán".