Notas
(1) «Historia de Astorga», Astorga, 1909, pág. 682 y siguientes.
(2)
«El Pensamiento Astorgano», 19 de julio de 1966.
(3)
«La gesta de los Patagones» por Isaías García Enciso. Buenos
Aires, 1972, cap. 1.
(4)
En las eruditas y bien documentadas «Publicaciones» o fascículos
que periódicamente da a la luz el «Museo Histórico Regional Municipal de Patagones»,
bajo la inteligentísima dirección de Emma Nozzi, se ha hecho -Publicaciones núms.
4 y 8- una completa historia de la Fundación de Carmen de Patagones, y al hablar
de estos colonos maragatos (« Publicación», núm. 8, págs. 6 y 7) se dice: « Se
trata de familias labradoras y artesanas, las que apenas arribadas son socorridas
con ración que consiste en ocho onzas de bizcochos, una de hierba, una de sal,
media de ajo, media de tabaco, una res por cada sesenta hombres y cuatro reales
de leña por cada res. Además venían con la promesa de un real de plata por día
durante un año -cosa que coincide en parte con lo que señala Rodríguez Díez-,
casa habitación digna, tierras en propiedad, yunta de bueyes, semilla y útiles de
labranza». Mas -se añade- «muy poco recibieron de esas promesas; pero de cualquier
manera quedaron -los maragatos- en Patagones sembrando el trigo y hortalizas,
plantando frutales, criando cerdos y aves de corral, moliendo el grano, preparando
jamones, fabricando el vino y el guindado, cuidando el ganado y explotando
salinas y saucerías. Comercian también, y activamente, con las tribus, intercambiando
productos: por alcohol, hierba, tabaco, galleta, azúcar, bayeta y abalorios,
obtienen vacas, ovejas, caballos, cueros, plumas, tejidos, pampas y platería».
Todo ello revela la capacidad y tesón para el trabajo y el instinto comercial de
los colonizadores maragatos tan característicos de su raza.
(5)
«Río Negro», Diario argentino, 8 de marzo de 1978, núm. 10.480.
(6)
«La Nación» de Buenos Aires, martes 13 de marzo de 1979 y
miércoles 18 de abril de 1979. «La Nueva Pronvincia» de Bahía Blanca de 22 de
abril de 1979.
(7)
Crónica del enviado especial de «La Nueva Provincia» de Bahía
Blanca, Rubén Benítez, núm. 27.519 de 22 de abril de 1979, pag. 1.°.
(8)
Revista «León» de la Casa de León en Madrid, núm. 303, octubre,
1979, pág. 21.
(9)
En edición especial de «Nueva Provincia» dedicada íntegramente,
y con carácter monográfico al bicentenario de Biedma y Carmen de Patagones de 22
de abril de 1979 -que tenemos a la vista y que se compone de una serie de estudios
de muy alto interés y el más exhaustivo tratado del tema-, aparece, entre otros
ensayos, el magistral de Emma Nozzi sobre Luis Pedraza Bueno, y otro muy curioso
dedicado a «Las Mujeres que transformaron el desierto», firmado con las iniciales
J.E.N. En éste se dan nombres de una serie de mujeres -esposas, hijas y hermanas
de los fundadores de Carmen de Patagones- de apellidos netamente maragatos y se
exaltan sus virtudes, su coraje y su heroísmo junto a los de los hombres- luchando
«al principio con un medio salvaje y hostil pero aclimatándose luego hasta hacerse
típicas compañeras de hombres que por actuar siempre sobre campos abiertos y fronteras
móviles se fueron convirtiendo en la clásica figura del pionero» entre estas
mujeres maragatas de temple bíblico se cuenta el sucedido con Gerónima Crespo
-célebre en los fastos de Carmen de Patagones por su inteligencia y su valor- que
se enfrentó «con el propio gobierno colonial que impedía a los vecinos maragatos
abandonar Carmen por temor a su despoblamiento» el «problema radicaba -dice el
cronista- en que Gerónima quería enviar a sus hijos a Buenos Aires para proseguir
sus estudios que en Patagones no podían hacer y se encontraba con la férrea
voluntad del comandante político y militar resuelto a hacer cumplir las disposiciones
del Virrey. La señora Crespo se dirigió al Liniers diciéndole que siendo sus hijos
nietos de los primeros pobladores maragatos no creía debieran estar sujetos a la
voluntad de los comandantes de aquel destino en el caso de transferir su domicilio
a la capital y mucho más cuando obedecían a su dirección maternal y contaban con
su licencia y finalizaba la nota suplicando se sirviera mandar que cuando yo quiera
remitir algún hijo se me permita sin que la voluntad de los comandantes nos tenga
como esclavos. El historiador Juan José Biedma que es quien trae la referencia
-dice el referido ensayo- anota: tal es el caso a que aludimos y con honda satisfacción
damos a conocer... porque en él aparece luchando, contra una extorsión incalificable,
una de las fundadoras de Patagones que, ejerciendo sus derechos sagrados de madre,
los invoca altiva ante el representante del Rey y consigue que el mandatario los
reconozca respetuoso». Tal era el temple de las mujeres maragatas compañeros de
los pobladores de Carmen de Patagones.
(10)
«El Pensamiento Astorgano» de 19 de agosto de 1978 y Revista
«León», diciembre, 1978._ Allí contábamos el sucedido que por su interés hemos de
transcribir: «Cuando hace ya muchos años el insigne novelista argentino don Enrique
Larreta vino a España en uno de sus viajes habituales, tuvimos la oportunidad de
plantearle el problema del origen del traje gaucho como derivación del maragato.
Don Enrique Larreta nos escuchaba pensativo cruzando sus manos de marfil, cubriéndose
con el caído tupé parte de la frente, recortado el fuerte bigote como nos lo muestra
en su pintura Zuluoga sobre el fondo de una Avila borrascosa. Y con suave tonalidad
argentina de gran señor:
«-Cierto... muy cierto... nunca había reparado en ello. Y sin embargo...
«El testimonio -apuntamos nosotros- es de primera calidad. Fue Don Matías
Alonso Criado -el más insigne historiador que han tenido los maragatos de
América- quien lanzó la tesis luego corroborada por Don Matías Rodriguez en su
'Historia de Astorga'; y le describíamos el traje maragato tan similar al de
los gauchos argentinos.»
«Don Enrique, con exquisita cortesía, tomaba nota de cuanto le decíamos con
aquella su letra firme y temblorosa a la vez, y después rubricando la visita
tendiéndonos su amable mano:
«-Yo le prometo que en mi próximo viaje a España traeré investigado el problema
que interesa lo mismo a los españoles que a los argentinos.»
'Al año siguiente Larreta volvía a España. Por teléfono su voz, de dulce fonética
porteña, nos dijo:
«-Querido amigo... tenía usted razón. Traigo los datos sobre el origen maragato
del traje gaucho que le van a interesar mucho. Ya le contaré.
«Y yo, impaciente:
»-Cuándo nos veremos, don Enrique.
»Y él correctísimo:
»-Perdonen que no sea hoy, porque mañana a primera hora me voy a Andalucía.
Volveré a Madrid dentro de ocho días y entonces hablaremos.
»Pero Larreta no regresó nunca a Madrid. Súbitos problemas urgentes le hicieron
retornar con premura a su tierra. Al poco tiempo moría, y por mucho que lo
intentamos no hemos podido conseguir aquellos datos -seguramente definitivos-
que don Enrique Larreta generosamente nos iba a brindar.»